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La paradoja del petróleo venezolano y el shale oil de Estados Unidos y Vaca Muerta

En una época en la que pareciera que ya no queda nada por leer entre líneas, el anuncio de Donald Trump amerita detenerse a señalar varias cuestiones. En especial, porque tanto quienes defendieron la intervención militar en Venezuela como quienes condenaron el hecho están, paradójicamente, leyendo de manera inversa el rol del petróleo venezolano.

Buena parte de los sectores que justificaron el ataque rechazaron la idea de que la intervención estuviera motivada por el petróleo. Pero el propio Trump lo dijo explícito, sin metáforas ni rodeos.

Habló de “30 a 50 millones de barriles” de crudo venezolano, de alta calidad, bajo control estadounidense, para venderlos “a precio de mercado”. Un eufemismo para decir que va a venderlo más caro de lo que lo vende Venezuela.

Y rápidamente, muchos venezolanos antichavistas cambiaron de discurso: “no importa que Estados Unidos controle el petróleo, porque si Venezuela recupera su producción petrolera, también se recupera la economía”. Y el problema viene acá.

Estados Unidos no puede devolver la producción venezolana a los niveles de su era dorada sin hacer quebrar a su propio sector petrolero, el del shale oil.

Estados Unidos logró el autoabastecimiento y luego la exportación de petróleo gracias al shale oil: petróleo no convencional, con costos más altos, que necesita precios internacionales relativamente altos para sostener la inversión y la reposición constante de pozos.

El petróleo de Venezuela, en cambio, no es shale. No requiere el mismo despliegue industrial del fracking para romper roca de esquisto. No necesita infraestructura para inyección hidráulica, arenas especiales ni químicos caros. Su drama histórico no fue tanto sacar crudo, sino cómo poder manejarlo.

El crudo venezolano es bastante pesado. Y, aunque su costo de extracción es muy bajo comparado con el shale oil, requiere diluyentes y capacidad de procesamiento.

Ese era el cuello de botella real que paralizó la producción petrolera venezolana, no la extracción, infinitamente más barata que la del shale oil.

En 2021, Venezuela había llegado a un acuerdo de cooperación con Irán para procesar y hacer exportable su crudo pesado con el uso de diluyentes, además de obtener colaboración para la reparación de refinerías y la provisión de insumos, piezas y know-how operativo.

Recordemos que Irán, a pesar de las sanciones internacionales, es uno de los mayores exportadores mundiales de petróleo y tiene vasta experiencia tanto con el petróleo como con las sanciones.

Distintas mediciones por seguimiento de embarques ubicaron las exportaciones iraníes en torno a los 2 millones de barriles diarios, para 2025. Es decir: no estamos hablando de un actor marginal. Es un jugador grande, con espalda, y con el know-how específico para Venezuela.

Venezuela, por su parte, llegó a producir más de 3 millones de barriles diarios en su mejor momento. Su declive comenzó con el desplome del precio internacional del petróleo entre 2014 y 2016, pero terminó de hundirse con las sanciones de Estados Unidos en 2019, llegando a un piso de 300 mil barriles diarios en 2020. Es decir, el 10% de lo que producía en su mejor momento.

No obstante, el acuerdo con Irán le permitió triplicar su volumen de producción y se proyectaba para 2025 superar el millón de barriles diarios.

¿El problema? Venezuela recuperó su producción petrolera vendiendo petróleo muy barato, generalmente con descuento y con China como principal comprador.

Para que nos demos una idea, el Brent (un tipo de petróleo crudo ligero extraído del Mar del Norte, que sirve como principal referencia para fijar los precios del petróleo a nivel mundial) osciló en el último tiempo entre los U$60 y U$70 por barril.

Venezuela, en cambio, estaba vendiendo su petróleo con descuentos enormes, lo cual presionaba a la baja el precio internacional. Aunque hay que aclarar que este precio tan bajo se debe a las sanciones, ya que, al haber menos compradores, para competir debe vender sí o sí mucho más barato.

Si la producción petrolera venezolana continuaba aumentando hasta los 3 millones de barriles diarios, vendiéndose a precios tan bajos, era de prever que el precio internacional del barril volviera a desplomarse como en el período 2014-2016, cuando Arabia Saudita intentó disuadir las inversiones en shale oil saturando de crudo el mercado y, en vez de frenar las inversiones en fracking, terminó cargándose a Venezuela, que había organizado toda su economía bajo la idea de que el precio del barril siempre estaría alto.

Cuando los saudíes inundaron de crudo el mercado, poniéndole fin al superciclo de las commodities, el precio internacional del petróleo pasó de U$120 a U$40. Y Venezuela debió administrar una estructura de país gigantesca, habiendo perdido tres cuartas partes de sus ingresos petroleros. De ahí, las postales de aquel momento con las góndolas vacías, porque el país se había quedado sin dólares para importar mercadería.

Algo similar pasó en Santa Cruz, en nuestro país, donde Alicia Kirchner terminó con la provincia estallada y pidiéndole un rescate a Mauricio Macri, en 2017.

Ahora bien, el precio del barril de petróleo no se mantuvo en U$40. Varios factores, como el crecimiento de países emergentes y su continuo aumento de la demanda, así como la inestabilidad mundial, incluidos los conflictos en Medio Oriente y en Ucrania, sumados a la propia retirada de Venezuela como jugador de peso, hicieron que tras el desplome ocurrido entre 2014 y 2016, el precio internacional del petróleo volviera a subir.

Sacando la época de pandemia, cuando el precio cayó por el parate de la actividad económica, el resto del tiempo se mantuvo en niveles rentables para el shale oil, tocando picos de U$85, en 2024.

La producción a escala industrial del petróleo no convencional nunca hubiera podido desarrollarse con un barril a U$40. Ni hubieran llegado inversiones a Vaca Muerta.

No obstante, la pregunta lógica es ¿por qué los inversores apostaron a un petróleo cuyo costo de extracción es significativamente más caro?

Vamos por partes.

La primera razón, es la disponibilidad del shale oil dentro de los propios Estados Unidos. Pero, lo más importante no es eso, sino el modelo de negocios.

Los pozos de shale oil no son como los convencionales, que pueden estar operativos por décadas. Los pozos del shale oil declinan rápido.

Hay todo un gigantesco negocio alrededor del shale oil, tanto en la financiarización como en la provisión de los bienes de capital para el fracking.

Es cierto que la industrialización del fracking permitió bajar los costos operativos del proceso, aunque el costo final de extracción continúe siendo mayor que el del convencional.

Sin embargo, el negocio radica en que, aun siendo un método más caro, produce ganancias más rápido.

Eso sí, mientras el precio internacional del barril esté por encima de los costos para ser rentable.

Y acá viene la razón real del ataque de Trump a Venezuela.

Para que el shale oil sea rentable, Estados Unidos necesita que el precio internacional del barril se mantenga entre los U$70 y U$80 por barril.

Por debajo de eso, el shale oil, en la mayoría de los casos, ya no sería un buen negocio. Tal vez los mejores pozos (aquellos con ventajas geológicas intrínsecas) podrían sobrevivir a U$40 el barril, pero no la media de los yacimientos. Y ese es el verdadero problema.

Si la alianza estratégica entre Venezuela e Irán producía una suba considerable del volumen de crudo venezolano en el mercado, entonces eso presionaría el precio del barril a la baja en un año como 2026, donde todas las proyecciones ya eran bajistas. Y un barril internacional muy barato pone en jaque al sector petrolero estadounidense que, además de autoabastecerse, exporta.

Un dato no menor para ver la relevancia que tiene el petróleo y, puntualmente, el shale oil en Estados Unidos es que los principales financistas de los think tanks liberales que crearon a las nuevas derechas en todo el mundo, con Milei como representante en Argentina, fueron los hermanos Koch, dos magnates petroleros metidos de fondo en el negocio del shale oil, en una posición mucho más estructural y rentable: midstream, downstream y control de cuellos de botella.

Sí, cuando escuchás a un argentino repitiendo alguna idea descabellada de la Escuela Austríaca, detrás hay una estructura financiada por estos dos magnates que controlan oleoductos, terminales, transporte de crudo y gas, almacenamiento, refinerías e infraestructura logística shale.

Estos tipos metieron mucha guita en el negocio de la infraestructura logística del shale, como para que quede obsoleta por un precio internacional de U$40.

Hay un solo escenario en el cual el aumento de la producción del petróleo venezolano no tiraría abajo el precio internacional del barril y es que el aumento de la oferta sea acompañado por un aumento de la demanda. El problema es que eso, por ahora, está lejos de ocurrir.

El mundo atraviesa una etapa de desaceleración económica. Y hay burbujas especulativas que podrían pincharse en cualquier momento, desencadenando una recesión, como la burbuja de la IA.

Es decir, ante una oferta creciente, el mundo no va a demandar más petróleo porque ya se encuentra en una crisis típica de sobreproducción.

La conclusión es simple: Trump no puede elevar la producción de crudo venezolano, sin matar al shale oil y condenar a Vaca Muerta. Dicho de forma brutal, no puede salvar a Venezuela sin matar a la Argentina, cuya única apuesta es que el crecimiento de Vaca Muerta le permita al país afrontar la bola de nieve de deudas contraídas por Milei, para pagar más deudas.

Pero esto no es simplemente un problema geopolítico. No se trata de Argentina, Venezuela o Estados Unidos. Se trata de entender que una potencia bombardeó a otro país para mantenernos a todos pagando combustibles caros.

Cuando los venezolanos dicen «si no viviste en Venezuela, cierra la boca», no entienden que lo que pase en Venezuela repercute en el precio del surtidor de nafta en Argentina y en los precios de los productos en las góndolas. La Coca-Cola no llega al supermercado flotando en la alfombra de Aladín, sino en camiones que utilizan combustibles de origen fósil.

Estamos en un mundo donde la primera potencia militar bombardea a otro país, para mantener un precio inflado del petróleo, el cual no existiría si hubiera plena competencia.

Una demostración fáctica de que el libre mercado no existe. En la realidad, tan solo hay actores usando su influencia y poder de fuego para sostener rentas y márgenes de ganancia con negocios que no son elegidos por su utilidad social, sino por una rentabilidad cortoplacista.

Una rentabilidad de tan corto plazo y tan volátil que, para sostenerla, hay que bombardear a otros países y condenar a los consumidores a pagar productos mucho más caros.

Una reflexión final.

¿Por qué en Argentina, cuando baja el precio internacional del barril de petróleo, nunca baja la nafta en la misma proporción? Sencillo, porque hay que seguir subsidiando indirectamente a Vaca Muerta, pagando un combustible más caro.

Y mientras en nuestro país se desarman inversiones en petróleo convencional para volcarse al shale y los usuarios absorben el riesgo, la energía nuclear, mucho más eficiente y limpia, duerme el sueño de los justos, con el proyecto CAREM paralizado y un Acuerdo de París que nadie parece molestarse en cumplir.


FUENTES CONSULTADAS

→ Reuters — “Factbox: Venezuela has huge oil reserves but output lags; Trump says U.S. will get up to 50 mln barrels” (5 ene 2026). EIA

→ Reuters — “Oil edges down on demand concerns and oversupply fears; Trump says U.S. to seize Venezuelan oil” (7 ene 2026). Reuters

→ Axios — “U.S. will control Venezuelan oil sales ‘indefinitely,’ energy secretary says” (7 ene 2026). Axios

→ Financial Times — “Venezuela: Oil, oil everywhere — but not a drop to pump” (7 ene 2026). Financial Times

→ U.S. EIA — Venezuela Country Analysis Brief (8 feb 2024). EIA+1

→ Reuters — “Iran adapts to maintain oil exports during conflict, trackers say” (19 jun 2025). Reuters

→ Reuters — “China’s March Iranian oil imports surge on US sanctions fears” (10 abr 2025). Reuters

→ Reuters — “China’s Iran oil imports surge in June on rising shipments…” (27 jun 2025). Reuters

→ FRED / EIA — Serie diaria de precio Brent “Crude Oil Prices: Brent – Europe (DCOILBRENTEU)” (para valores y evolución histórica). FRED

→ U.S. EIA — “A look back at our forecast for global crude oil prices in 2024” (incluye pico spot 2024). EIA

→ World Bank — “The Great Plunge in Oil Prices: Causes, Consequences, and Policy Responses” (mar 2015). World Bank

→ IMF Working Paper — “An analysis of OPEC’s strategic actions, US shale growth…” (2016) (sobre el giro de estrategia de OPEC/market share en 2014 y el colapso posterior). IMF

→ U.S. EIA — FAQ “How much shale (tight) oil is produced in the United States?” (incluye % sobre producción total 2023). EIA

→ Dallas Fed — Dallas Fed Energy Survey (Q1 2025): precio WTI “needed to profitably drill a new well” (promedios por cuenca). dallasfed.org

→ IEA — Oil Market Report (abril 2025) (menciona umbrales de rentabilidad de shale citando Dallas Fed). IEA

→ OPEC — Annual Statistical Bulletin 2024 (tablas de reservas probadas por país, etc.). OPEC

→ Energy Institute — Statistical Review of World Energy 2024 (reservas/producción, series globales). Energy Institute

→ Center for Public Integrity — Investigación sobre la red/financiamiento político e infraestructura de think tanks vinculada a los Koch (Koch network). Pacific Standard

→ ProPublica — Investigación sobre financiamiento, organizaciones y entramado político de los Koch. Center for Public Integrity

→ El País (Argentina) — Nota sobre el pedido de asistencia/ayuda financiera de Santa Cruz a Nación (Alicia Kirchner) en 2017. LetraP

Lo que EEUU necesita es controlar el precio internacional del petróleo, porque sus inversiones en shale requieren de un barril más caro para ser rentables.